Edición nº 19  –  Enero. 2016

 

Mucho se ha hablado de la polémica venta de Isagen de parte del gobierno a el grupo canadiense Brookfield Holdings; gran parte del debate ha sido impregnado por un consenso en el congreso de la prohibición de la venta y opiniones de los dos partidos más afines a la izquierda y a la derecha (respectivamente) de la política en Colombia: el Polo democrático y el Centro democrático. Lo único que pido es que nos sentemos a analizar la problemática con cabeza fría y alejándose de opiniones cuya subjetividad afectan el buen juicio que debe tener un sancarlista.

Para nadie es un secreto la coyuntura tan desalentadora en la que vivimos; el dólar está cada vez más caro, tenemos un barril de petróleo por debajo de los $30 dólares por barril, y en los primeros meses del año, el índice COLCAP de la Bolsa de Valores de Colombia se desplomó 80 puntos (alrededor de un 10%). Es claro que el país está en una situación drástica, y toda la bonanza que vivimos en la última década esta poco a poco desvaneciéndose. Es por esto que el gobierno está “apretándose el cinturón”, o más formalmente, recortando gastos innecesarios y vendiendo activos. ¿Con qué fin? Recaudar el dinero necesario para financiar temas importantes en la agenda nacional como lo es el postconflicto y las obras de cuarta generación (4G). Es precisamente por esto que el gobierno planteó la decisión de vender Isagen; generadora de energía que desde hace más de 20 años abastece una gran parte de la demanda eléctrica nacional. Ahora, uno de los interrogantes que debería inicialmente plantearse es, ¿si era una empresa tan rentable, porque hubo solamente dos oferentes, y uno de ellos salió dos días antes de la subasta? Si la empresa era un activo tan rentable como defienden los opositores a la venta, ¿dónde están los grupos de inversión chinos, europeos o norteamericanos que deberían pelear a muerte por este diamante en bruto? ¿Activo rentable? Que no me vengan con cuentos. Las utilidades netas en los últimos cinco años han crecido a cifras del 1 o 2 %, nisiquiera exponencialmente. Ahora, no me malinterpreten. Desde el punto de vista meramente financiero, el activo no es rentable. Pero esta rentabilidad es muy subjetiva a la hora de tratar con un país. Isagen es totalmente rentable, si se toma como definición de rentabilidad a una ganancia porcentual que mide las reservas naturales protegidas, el incentivo a la empresa nacional, y los millones de empleos que le genera al país. Esta es la rentabilidad de la que no nos habló el presidente, ni los corredores de bolsa, ni los congresistas. Y esta es la definición de rentabilidad que debemos aprender para poder soñar con un mejor país. Para evitar que Bogotá llegue a temperaturas record en su historia y para salvar a millones de niños que mueren diariamente por desnutrición, se debe comenzar cambiando los criterios por los cuales se analizan las problemáticas nacionales.


Sebastián Caro 10°A